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jueves, 24 de julio de 2014

GLORIAS PATRIAS



El día de Bolívar, 24 de julio

Mi delirio en el Chimborazo. Tito Salas, 1929
El día de hoy está señalado por la historia en el mundo como celebrativo del natalicio del más universal de los venezolanos, glorificación humana del sentido americano, el hombre que le dio Patria propia y libre a un Continente: SIMÓN BOLÍVAR.

La historia venezolana viene repitiendo estas fechas para que los hijos de la patria adquieran el sentido de la nacionalidad y de la ética, es decir, el compromiso que a todos nos atañe de luchar a brazo partido por un mejor destino para una nación merecedora de la vanguardia del Continente, por ser en ella donde brilló por vez primera la luz de la libertad y porque en sus suelo hubo la germinación temprana de la justicia y de la igualdad, por la acción de una generación a cuya cabeza siempre apareció Bolívar, cual signo premonitorio de que sería en el tiempo el Padre de la Patria, el forjador de la libertad y de la conciencia venezolanas.

El día de hoy tiene sentidos multiformes: DÍA DE LA MORAL debería llamarse, porque su virtud fue madre y génesis que permitió el devenir de la justicia, la libertad y la igualdad.  Mírese a Bolívar desde cualquier ángulo y se verá extendido el signo de la moral.  Analícese cualquier sentencia suya y la misma no será sino un compendio de moral en el dictado ejemplar de la conciencia… “La verdadera igualdad no existe sino en la formación y delante de la ley que liga y comprende a todos indistintamente, premia y recompensa al virtuoso, al justo, al sabio, al valiente, al honrado, al prudente, al industrioso, al activo y al benéfico; castiga y reprime al vicioso, al injusto, al inmoral, al cobarde, al temeroso, al holgazán y al perezoso”… Es signo de moral humana la formación del hombre para ponerse al servicio de los que necesitan, que son los más, sobre todo en esta geografía cargada de necesidades existenciales, en las que el hombre debe actuar con plena solidaridad social.  Pero, ¿hasta qué punto estamos siendo solidarios?...

Es moralidad también una legislación bien aplicada sobre el imperio de la imparcialidad y la equidad; sin embargo, la ley venezolana cada día se parcializa y se mediatiza más.  Por eso, la moral bolivariana es cátedra urgente que requiere estar en la academia, en la universidad y en la calle; en todos los estratos de un país que se nos está quedando sin los signos morales fundamentales. Y si con Bolívar hemos tratado de construir el país moral, mal podemos entonces sin Bolívar, querer construir este otro país que puede ir, de no haber una rectificación de rumbos, al abismo por la degradación permanente.

El signo histórico del Libertador descansa en una pluralidad de acciones cumplidas a lo largo de su periplo vital. Su papel humano es inconmensurable, dedicado casi en su totalidad a la causa de la liberación de los pueblos hispanoamericanos.  Vivió poco, es cierto, pero cada segundo de su vida es como un siglo de ejecutorias, todas ellas brillantes en obsequio de la libertad.  Su utopía se muda de la palabra a la acción, de la idea al hecho concreto, en un paralelismo que cristaliza finalmente con la libertad de América.

viernes, 4 de julio de 2014

GLORIAS PATRIAS




EL 5 DE JULIO: FECHA NACIONAL FUNDAMENTAL
 Un exordio necesario
Hay como una premonición en la sentencia de Bolívar en la Sociedad Patriótica. Dijo el Libertador: "Vacilar es perdernos". Y en el contexto venezolano de esta hora democrática, parecieran resonar las palabras bolivarianas cuando pensamos que ahora también nos podemos perder si vacilamos en tomar las decisiones trascendentes y urgentes que se requieren para que el país emerja de esta crisis que lo mantiene enfermo y a punto de sucumbir en muchas de sus instancias fundamentales. El país se resiente de una problemática política y social que antes de enfrentamientos debe concitar la atención y el interés de todos los ciudadanos para buscar soluciones precisas a los padecimientos y para colocar a la nación en una onda propicia de desarrollo y de prosperidad. Pero ocurre que el silencio de muchos está haciendo daño, tanto como la mirada de indiferencia de otros que nada quieren aportar a la causa venezolana, porque no les interesa nuestra suerte o porque simplemente piensan que los asuntos del Estado es competencia privativa de los funcionarios. Nada más contrario a la verdad; el país es una sola comunidad de intereses compartidos por todos los habitantes y su suerte es nacional y colectiva, por lo que tenemos que reconocer que si no cambiamos nuestra actitud y nuestra conducta es posible que nos “perdamos” en el sentido bolivariano del término, que vale decir, Venezuela involucionará en su sentido democrático, en su ideario constructivo y en la posibilidad de los cambios sociales que son inmanentes a su condición de nación libre y soberana.

El ideario libertario
En las fechas patrias hay que buscar las huellas de los libertadores para caminar sobre ellas. Ellos hicieron el país, le dieron fisonomía y lo cedieron a las generaciones de la historia para su construcción definitiva. Ellos fueron a las cumbres de las montañas para descubrir el punto en que nace la libertad, y de ahí bajaron para estamparla en el rostro del individuo, del pueblo y del país, en una sola concurrencia de elementos constitutivos. Ellos se hicieron autores de la soberanía, que no es otra cosa que el albedrío que tiene el pueblo para dirigirse y para nombrar las formas de su propia conducta. Ellos no vacilaron en los momentos cruciales, sino salieron al frente de todos los compromisos, y decidieron ofrendar la vida, de ser preciso, para la búsqueda de la libertad que le era negada por el imperio español. Y a más de doscientos años de distancia, el país venezolano, el heredero de las glorias de los libertadores, vacila en el pesimismo de una institucionalidad a la que se le hace difícil el entendimiento de la praxis de la democracia total, porque intereses parciales niegan el desarrollo de las potencialidades que, como sabemos, son muchas, desde lo natural mismo hasta lo humano; naturaleza y hombre como fuerzas para la misión trascendental del pleno desarrollo.
En múltiples instancias, posiciones, ideologías, etc., la historia nacional ha contado los sucesos políticos que eclosionaron aquel 5 de julio de 1811. Un poco de tiempo antes, la efervescencia social de una dirigencia con ardor pasionario y adoctrinado; con valores políticos y económicos en boga, había hecho mella en la conciencia social caraqueña. El 19 de abril de 1810 abrió las puertas al debate definitivo de lo que sería la cruzada histórica de la Independencia venezolana. Desde aquel día, aparecieron las posiciones encontradas “entre los sostenedores de un nuevo orden político y los partidarios de la monarquía”. “La juventud revolucionaria que se agrupaba en la Junta Patriótica, presidida por un hombre de tanta experiencia y de tanto mundo como el General Francisco de Miranda, abogaba por la independencia y presionaba al Congreso para que diera este paso”. Jamás se hace borrosa aquella generación primigenia para la posteridad venezolana, y jamás debemos olvidar los postulados de un grupo de hombres jóvenes que anhelaban otro destino para la tierra de origen. En aquel suceso estaba naciendo un cabal concepto de Patria en lo que ésta tiene de libertad, de justicia y de igualdad. Nada detendría el curso de la historia sólo la libertad era la consigna anidada en el cerebro y en el corazón de aquella gente que con pies firmes se atrevió a desafiar al imperio europeo para decirle basta, desde ahora será la ideología de los venezolanos la que rija este país y su destino. Esta generación fogosa y valiente constituida en Junta la integraban entre otros:
José Félix Ribas, Miguel Peña, García de Sena, los Salias, los Montilla, Coto Paul y Simón Bolívar. Este último, ya depuraba su alma para la causa de la libertad, marchaba a la vanguardia dentro del movimiento, y a juicio del historiador, “era uno de los principales que tomaron secretamente el movimiento del 19 de abril”.
Aquella generación había puesto rótulo a su misión terrena; hallar la libertad a costa de todos los sacrificios exigidos y por encima de las mismas contingencias de la vida. Sin embargo, no todo fue fácil, el Congreso resistía la presión de los noveles tribunos, dudaban si sería tiempo de dar el grito de independencia. “Y previendo, anota Baralt al ver el encarnizamiento de los realistas, el cúmulo de horrores que podría sobrevenir. Había en el congreso hombres que apoyaban la hostilidad de las autoridades españolas en Maracaibo, Coro y Guayana, para mostrarse demasiado cautos. El tiempo transcurría en inútiles discusiones sobre puntos secundarios de la administración gubernativa y económica, mientras que el punto capital que era el rompimiento a la sumisión imperial se difería. Con esto progresaban la inquietud y el desasosiego. Los republicanos más recelosos, por ser los que se habían aventurado a fondo en la empresa, dábanse por engañados y vencidos y los realistas, para quienes cada momento de dilación era una ventaja, trataban de prolongarla y mostraban cada día mayor satisfacción y confianza. Tal era el estado de cosas a principios de julio de 1811"
No Obstante, nada detendría el espíritu y la razón de aquellos ciudadanos. No habría fuerza humana capaz de impedir la empresa nacional, ni siquiera los horrores vislumbrados en la praxis de una guerra que efectivamente se dio por largos años, y que tantos desvelos costó a la causa de la nacionalidad. Y así tiene que ser la misión del hombre auténtico que da sentido a la vida por una causa noble. Participar en lo social para que el país alcance un sistema de vida que beneficie a un colectivo, debe ser la condición de la persona humana formada en la virtud y en los valores fraternales.

Aquellos Valores Fraternales
El país de aquel tiempo era una contradicción de modos y sistemas sociales encontrados, opuestos y enfrentados; los que veían la conveniencia de mantener el orden establecido por medio de un pacto de sumisión a la Corona, y aquellos que soñaban con la libertad, vislumbrada en todos los horizontes del joven país, en los que habría de tener razón de ser nación como era ya un hecho vivido en lejanos países del viejo continente. Y en la proyección de la historia, la contradicción venezolana pareciera seguir existiendo igual; por una parte, aquellos ciudadanos apegados a sus intereses más particulares, que se enroscan en posiciones económicas y políticas para usufructuar los mejores réditos, y que no quieren ni desean ver otra realidad nacional que no sea la que les conviene; y aquellos otros, que quieren disfrutar de los bienes de la democracia, empeñados en la afirmación de ese sistema de vida que mantiene a las sociedades, siempre dispuestas hacia nuevas y provechosas aperturas. El optimismo nacional, sin embargo, se sobrepone a la sumisión, y en fechas clásicas como esta del 5 de Julio, se presenta propicio el ambiente para asomar denuncias y tomas de conciencia, hacer llamados al orden y a la responsabilidad, y que el país tanto en lo nacional como en lo político, asuma conductas esencialmente más apropiadas a la gran causa venezolana por la solidaridad, el encuentro y la misma pluralidad
La sociedad patriótica marcó un hito en la conducta venezolana de 1811. El estilo social de sus miembros dejaba entrever una conducta comprometida que daría en breve buenos frutos, como ocurrió en la realidad. Había en la calle la confesión clandestina de la necesidad de abrir nuevos fuegos para la imposición de otro estado de cosas distinto al imperante.
Había la expresión de una convocatoria a la declaración de independencia que viniera a significar una mejor vida para una patria ya afinada en territorio y definida en población. La visión política de aquellos gestores se enmarcaba plenamente en el porvenir, y ellos quisieron cambiar la fisonomía nacional, “cambiar enteramente todo el viejo orden de: colonialismo, opresión política, injusticia económica, desigualdad y esclavitud, separación entre nuestros pueblos y atraso cultural. Se buscó hacer una autentica sociedad nueva en América con libertad, independencia, democracia, justicia agraria, igualdad social absoluta, unidad y desarrollo de la cultura”.

 5 de julio, la Independencia en una proclamación
Si vemos el caudal integral de sus postulados, tendremos que conferir obligatoriamente un hondo significado a la Declaración de la Independencia Nacional. La simple enumeración de hechos presentes concomitantes en la vida social de aquellos años, venía forzosamente a estimular la apetencia ética del hombre hasta hacerlo partícipe de la idea de la libertad. El colonialismo marcaba la vida más importante, sin dejar vías de escape a muchas iniciativas sociales distintas, y ello mismo llevaba a la praxis de una gran opresión política y económica, lo que se traducía en el mantenimiento de un hondo estado de atraso educativo y cultural que impedía al hombre del pueblo mirar un poco más allá de sus propias y grandes limitaciones. La opresión niega la libertad y la justicia y antes del 5 de Julio de 1811, estos eran los signos rectores de nuestra vida y precipitaron la actuación de los patriotas, que reunidos en junta se decidieron a dar la gran batalla política que llevó indefectiblemente a aquel glorioso día 5 del mes de julio de 1811, cuando en congreso se acuerda declarar solemnemente la independencia absoluta de Venezuela. El 5 de Julio de 1811, ciertamente, se declara la Independencia Nacional, el Acta se firmaría días después y con ello, Venezuela se declaraba libre y soberana, sin dependencia de nadie. La primera Constitución de nuestra patria dejaría asentada para la posteridad esta condición de emancipación. La acción produjo la República. Las reacciones no se hicieron esperar. Apareció el largo proceso de la guerra emancipadora, hasta la victoria culminante y definitiva dada en los campos de Carabobo el 24 de junio de 1821.

El significado de esta fecha genésica
El 5 de Julio 1811 es la génesis del sentido de la patria venezolana. El momento de una osadía y el nacimiento de otra todavía más arrogante y agresiva. El ideario de la patria era indetenible, como tiene que ser toda misión que busque el mejoramiento de las condiciones existenciales del ser humano y de los pueblos.
El 5 de julio de 1811 es la fecha divisoria entre el pasado y el presente inicial de nuestra Patria, si consideramos el pasado como un  estado negador de la libertad con su carga de acontecimientos y hechos contrarios; y el presente como el estado auspiciador y sostenedor de las libertades que sustancian la justicia y la igualdad.
Retomando el hilo de los sucesos de la alborada de la venezolanidad republicana, podemos asentar que la diputación nacional se propuso atizar el fuego social para generar un clima propicio a la revolución. El historiador Baralt no cree que los diputados hicieran de esta manera los preparativos para la sesión clave del 5 de Julio. Sin embargo, hay un hecho cierto “y es que en el curso de una tumultuosa sesión de la Junta el 3 de julio, Bolívar pronuncia allí un encendido discurso. Fustiga en él a los que propagaban la especie de que la Junta Patriótica pretendía usurpar las funciones del Congreso y rechaza de una vez por todos los temores y la ambigüedad de algunos representantes. Su elocuencia precipita los acontecimientos. “No es que hay dos congresos dice. ¿Cómo fomentan el cisma los que conocen más la necesidad de la unión? Lo que queremos es que esa unión sea efectiva para animamos a la gloriosa empresa de nuestra Libertad. Unirnos para reposar, para dormir en los brazos de la apatía, ayer fue una mengua, hoy es una traición. Se discute en el Congreso Nacional lo que debiera estar decidido. ¿Y qué dicen? Que debemos comenzar por una confederación, como si todos no estuviéramos confederados contra la tiranía extranjera. Que debemos atender a los resultados de la política de España. ¿Qué nos importa que España venda a Bonaparte sus esclavos o los conserve, si estamos resueltos a ser libres? ¡Esas dudas son tristes efectos de las antiguas cadenas! Que los grandes proyectos deben prepararse en calma. ¿Trescientos años de calma no bastan? La Junta Patriótica respeta, como debe al Congreso de la Nación, pero el Congreso debe oír a la Junta Patriótica, centro de luces y de todos los intereses revolucionarios. Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana; vacilar es perdemos. Que una comisión del seno de este Cuerpo lleve al soberano Congreso estos sentimientos”.                                                             
En estos términos hablaba aquel joven revolucionario al que la historia tenía señalado para liberar a un continente. La palabra encendida de Bolívar varió el curso de los acontecimientos fundamentales en los que se soportó el ideario de nuestra Emancipación.
Para hacer un país hay que tomar siempre decisiones trascendentes, muchas veces graves y delicadas. Sólo el arrojo del hombre lo lleva a las grandes empresas, pero sin espíritu de aventura no hay transformaciones sociales. Aquella situación venezolana comenzó a cambiar palpablemente cuando el grupo de jóvenes revolucionarios encendieron el ánimo de representantes y comunidad. De esta manera entonces se originó esa gracia agresiva que vendría a ser el signo identificador de toda la causa republicana. La libertad no significaba en el propósito de aquellos venezolanos un simple cambio de autoridades, ni la aprobación de otro proyecto político emanado de la corona española. La libertad propuesta era la causa de la emancipación total del país, que tenía condiciones para autodeterminarse y forjarse su propio gobierno y destino. El juicio apreciativo de Augusto Mijares sostiene que: “...la emancipación no significa simplemente la separación de España, sino la realización de una idea política que cambia totalmente la organización social en que se había apoyado el régimen colonial”
El 5 de julio es la fecha del primer Congreso venezolano. En él se congrega la representación caraqueña en conjunción con la diputación provincial. Aparece un acuerdo expreso entre todos: la definición del país soberano, la idea de la patria emancipada, la concreción de un destino que le abra a Venezuela los caminos de la libertad, de la justicia y de la democracia. Arturo Uslar Pietri calificadamente asienta sobre el Congreso de 1811: “En ese Congreso, desde su instalación, el tema central va a ser necesariamente el nuevo orden que se va a crear. Ya nadie duda que el regreso al imperio español esta cerrado y no hay posibilidad de volver. La posibilidad de hacer otra cosa es la que surge allí, que es la de crear una república democrática, representativa, inspirada en los derechos del hombre, que realice el ideal político más avanzado de la época, que no existía en realidad sino en un solo país que era en los Estados Unidos". "Eso es lo que va a ocurrir en el seno del Congreso. Allí van a ir como diputados los hombres más ilustres de ese momento, los más educados, los que habían tenido más acceso a las ideas extranjeras; y esos hombres, en un debate muy ilustrado, largo y sabio van a terminar bajo la influencia de algunos de los más convencidos, en proclamar el 5 de julio de 1811 la Independencia absoluta de Venezuela”.
El debate histórico de aquel 5 de julio 1811, debería considerarse como un monumento eterno de la ética política y humana del hombre venezolano. Allí nada fue pintoresco ni circunstancial, sólo una causa moral llevó allí a los asistentes: la creación de una república totalmente soberana. Delante de un pueblo anheloso y expectante, el dirigente político supo cumplir su misión suprema, aquella para la cual había jurado al pueblo la proposición de un nuevo sistema político en el que los venezolanos gobernaran y fijaran los rumbos totales de la nación. En este hecho se titula la causa de nuestra Independencia.
Cuánto quisiéramos que el elogio a aquellos representantes pudiera trasplantarse al país actual, pero qué difícil resulta hacerlo. La representación política venezolana contemporánea, fruto de la democracia, no está cumpliendo a cabalidad con su destino, y hasta en tono conmovido muchos debemos hacer declaraciones para que haya un propósito de cambio en la conducta política de este tiempo, que por difícil exige al dirigente, al representante, otra manera de actuar y de comportarse con respecto al país, para que el afecto venezolano no sea la simple declaración amorosa e intrascendente, sino la férrea disposición de darlo todo por la Patria, por el destino de una nación que reúna realidades y potencialidades hasta convertirse en bastión del desarrollo, al menos en el ámbito del Continente Latinoamericano.
Las fechas clásicas de la Patria, no deben reducirse a un toque de campanas, ni a la fría recordación del héroe y del suceso: deben ser, por el contrario, un toque a la conciencia del hombre, para que con sus ideas, con su trabajo, con su aporte total haga reventar las simientes de este gran suelo venezolano, como hijos que somos de la doctrina bolivariana.

martes, 24 de junio de 2014

GLORIAS PATRIAS



UNA VISIÓN DE LA BATALLA DE CARABOBO
Alí Medina Machado
(es propiedad intelectual)
a Ramón Urdaneta B. y Tarcila Briceño de Bermúdez ductores de venezolanía
  
EXORDIO
         El valor venezolano ha sido reiterativo a través de su historia. Nuestro país ha sido fuente de acciones permanentes para la consolidación americana, y este hecho, se ha dado en el pasado y se sigue dando en el presente, como decir ,que esta República ha  sido de nobleza, creada por el valor supremo del hombre, que en ella ha vivido para la acción y para la construcción; para la acción cuando el país estaba por hacerse, cuando hubo que enfrentar las  armas al invasor para decirle que este territorio había nacido predestinado para regirse por sí mismo; y después, una vez consolidada la jerarquía integral de su autonomía política y social, apareció el hombre forjador de mente y de ciencia, para labrar un destino nacional que ha venido en los siglos, conformando una nacionalidad plena, vigorosa y esperanzadora. La grandeza venezolana entonces, viene desde siempre. Este es un país de gracia y fuente de virtudes, en sus paisajes y en sus hombres, en sus batallas y en sus ejércitos, en el civilato y en su intelecto. “Fuente de huertos, Pozo de Aguas Vivas”… Como se asienta poéticamente en el cantar de los cantares.

NUESTRA HISTORIA EN LA ANTESALA DE CARABOBO: La memoria prospectiva del Libertador estaba cumplida su sueño de integración americana era una palpable realidad. Ya nada detendría la vigencia de la nacionalidad venezolana. Este país estaba sembrado con caracteres graníticos para el devenir de todos los tiempos. Y fue de tanta proporción el ideario de aquellos hombres predestinados que poco tiempo después, en Carabobo, las fuerzas mancomunadas de todos los ejércitos españoles no soportaron sino por una hora escasa la embestida gloriosa de los batallones venezolanos.
La premonición bolivariana estaba radicada en el hecho de que todo sucedía como Bolívar  lo disponía. Así vemos como la unión hace una gran nación que conjunta a tres departamentos: Venezuela, Cundinamarca y Quito. Y se incluyó a quito sin estar liberado aun del yugo español. Pero es que en el ánimo de aquellos guerreros, la victoria se daba por descontado como nos  indica Manuel Montaner: “La Ley se adelantó a los acontecimientos". Y nuevos hechos vinieron a aportar caudales de ayuda a la causa de la Independencia; no sólo hechos ocurridos en nuestros territorios, sino allende los mares, en la propia metrópoli española. Allí  las autoridades, ante el avance arrollador de las fuerzas americanas, hacían esfuerzos inauditos para reforzar aquellos ejércitos que sostenían el gobierno español en las colonias. Los triunfos reiterados del Libertador, tanto en Venezuela como en Nueva Granada, eran el preámbulo de la libertad absoluta, y España veía tambalear la posesión de sus colonias. A esto agreguemos que en el ánimo del pueblo español no estaba la disposición de continuar una guerra que a ellos nada les reportaba. Hubo, en consecuencia, una sublevación, que extendida por el territorio español obligó a las autoridades reales a buscar a toda costa negociaciones de paz, que se concretan más tarde, en la ciudad de Trujillo de Venezuela, cuando son firmados Los Tratados sobre el Armisticio y Regularización de la Guerra.
Morillo, célebre general cuyo nombre quedó lapidado en la historia de Trujillo y cuya vida se nombra con caracteres de eternidad en la geografía nativa, era señalado nuevamente por el destino para obrar en obsequio de la paz. Morillo como instrumento de una paz buscada por España cuando ya la liberación de los pueblos americanos era un hecho prácticamente cumplido. Morillo, El Pacificador, en el nombramiento español, recibía órdenes tajantes de su gobierno para negociar la paz por medio de una reconciliación. Y así tuvo que hacerlo con la firma del Armisticio el 25 de noviembre de 1820. “En este pacto, además de la suspensión de las hostilidades por seis meses prorrogables a criterio de las partes, se fijaron las posiciones de ambos ejércitos y se prometía firmar un tratado, en caso de no avenirse a la paz, para regularizar la guerra, lo cual se realizó al día siguiente. Ambos tratados fueron ratificados por los dos jefes superiores".

LOS DESIGNIOS DE DIOS: Los designios de Dios eran otros. La invocación de su nombre para sostener el colonialismo, que es la negación del hombre, por la negación de la libertad, no se ajustaba a la verdad de la moral, y Dios, ciertamente, estaba de lado de los justos, de los menores, de las largamente conquistas y sometidos al yugo español. Dios, era un miembro más del ejército patriota. Dios, entiende como ninguno el sentido de la paz, sabía que la existencia era una paz fingida, cortina de humo propuesta por España, y compás de espera acordada por los americanos, para reponerse, para congregar el ejército definitivo, para acrecer las fuerzas debilitadas por la larga lucha sostenida. Armisticio de Paz que fue harto fecundo para la causa de la libertad, y que con la sagrada voluntad fue quebrantado a los seis meses, para la continuación de las hostilidades, que ya en aquel histórico año de 1821, era la aprestación ultima de nuestros héroes libertadores, para llenarse de gloria como consecuencia de la libertad de Venezuela, en el día eterno del 24 de junio, en las cálidas y esmeraldinas sabanas de Carabobo donde se plantó para siempre, el árbol gigantesco en la Independencia nacional
En aquel año inmortal, que comenzó en paz acordada y finalizó en paz conquistada. Encontramos a Venezuela dueña de un cielo completamente azulado como consecuencia de la tranquilidad, de la tregua acordada. No obstante, el sentimiento de la guerra anima más a los dos bandos que el sentimiento de la paz. Ambos bandos conocen con propiedad que aquella calma es ficticia y momentánea, que en cualquier momento se prenderá nuevamente la mecha que anuncia el combate. El ejército español se prepara, cuenta con once mil hombres acantonados en las ciudades de calabozo, Barquisimeto, el Tocuyo, San Carlos, Caracas, y los puertos de Maracaibo, La Guaira, Cumaná y Puerto Cabello. Miremos el mapa de Venezuela extendido sobre nuestra memoria y nos daremos cuenta que la geografía anuda al ejercito español en el centro del país fundamentalmente. La geografía nacional entonces, también fue un elemento que se sumó a la gloria de Carabobo, y era como una visión premonitoria que las hostilidades postrimeras se rindieran en el corazón geográfico del país, que no era otro que el paisaje vital de Carabobo.
Y estamos ya en el inmortal solar para hacer la apología de la batalla trascendentemente definitiva, gloria  del Ejército de está República por la que debemos sentir la mas honda devoción y el mas acendrado respeto.

EL IDEARIO DEL HÉROE: Los senderos de la gloria universal se abrieron en aquellos momentos para la figura preciara de nuestro padre libertador Simón Bolívar. Allí, en los mismos  promontorios del paisaje, aparecía su acción dirigente para conducir a sus ejércitos hasta la última consecuencia de la victoria. Bolívar el estratega consumado, llegaba al momento definitivo de su gloria como guerrero, a una batalla crucial que no tenía un ápice de improvisación, porque él y su estado mayor, habían preparado minuciosamente con mucha anticipación. su espíritu templado para lo grande, para lo hermoso, como lo testimonian las palabras del elogista; su confianza en la fuerza, la voluntad y la vocación de su ejercito; su corazón que no conocía tregua para el arrojo, su voluntad que no desmayó en los días aciagos de la emigraci6n forzada, todo estaba allí palpitando en el clímax de su persona, para darle la libertad a su patria, para hacerla patria libre y soberana, como era el acatamiento que debía a su ideología templada en tantas circunstancias y en la doctrina que había venido escribiendo con el paso de los años.

Bolívar, que habla aprovechado las circunstancias providenciales del Armisticio según lo escrito a Santander, preparó con suficiencia su ejército para este momento. ¡Y que ejército mayúsculo para no retroceder un ápice en la búsqueda de la victoria! ¡Y que Arrojo el de aquellos hombres, confundidos generales y soldados, en la búsqueda común de la victoria! ¡Y el arrojo de aquellos comandantes, que arrodillados y heridos, conforman un bloque humano que detiene el avance de las huestes realistas.
Bolívar el estratega, había planificado fielmente la memorable acción, y había considerado los hechos precedentes ocurridos en España, sobretodo la revolución de Riego y Quiroga, del 12 de enero de 1820, en Cádiz, que había comprometido a los oficiales reclutados para reforzar los ejércitos que luchaban en América. Y si a esto sumamos el interés demostrado por las autoridades españolas para la firma del Armisticio, era claro suponer, como lo supuso Bolívar, que España no estaba en condiciones de exponer más contingentes de tropas en las colonias americanas.
Estos antecedentes, como vemos, fueron providenciales para la causa independentista.

EL ELOGIO A LOS JEFES PATRIOTAS: Y hagamos también el elogio a los Jefes patriotas que tan destacadamente actuaron en aquella memorable ocasión. La unidad entre ellos fue un factor determinante.
Y esa unidad era producto de la fe en la patria, del amor por el suelo del origen. La venezolanidad afloró en el corazón de todos aquellos comandantes para que cada uno de ellos cumpliera de la mejor manera el destino que se le  había acordado. Y bien que supieron cumplirlo, con la precisión y la oportunidad que les dictó el perfecto conocimiento que tenían del arte de la guerra. Aquellos comandantes fueron un empresionante despliegue de valor heroico. Multiplicaron las fuerzas activas de su mente y de sus músculos para hacer mas enardecedora la batalla, e hicieron aflorar todas sus reservas, físicas y espirituales para sembrar con su sangre y con su ejemplo la mejor definición de la libertad. De allí deviene entonces el significado moral que tiene la expresión "Padres de la Patria".
Tenemos entonces, que "la unidad entre los jefes patriotas fue uno de los baluartes de esta campaña maravillosa donde todos estuvieron atentos a la palabra de Bólívar: armas, municiones, uniformes y calzado fueron sus inmediatas preocupaciones, sin descuidar por un momento las maniobras y estrategias que debían desplegar en toda Venezuela. Desde San Carlos le imparte órdenes a Páez, Bermúdez, Ambrosio Plaza, Cruz Carrillo (...). El ejército del Norte, Oriente, Occidente, todos los ejércitos de la República, van a decidir de una vez por todas, la libertad del país. Sus operaciones han de ser simultáneas para que sea pronta y felizmente el resultado".
Aquel creciente fervor de lucha hizo que la batalla durará lo que un relámpago. Los soldados de la patria, incontenibles, dieron fácil cuenta de los agresores, que jugándose su ultima carta dieron fiero combate, para al final caer abatidos por las armas de aquellos fieles hombres de uniforme, hijos del pueblo, que mezclaron sus fuerzas hermanadas para plantar la "libertad donde existía antes la tiranía".
En las sabanas de Taguanes, el día previo, o el 23 de junio, prepara Bolívar a sus hombres. Allí alineó el ejército. Son 6500 soldados, por primera vez uniformados. Era la hora suprema, el minuto definitivo en la inmensidad del tiempo de la Patria. Allí estaba la realidad de su sueño de libertad, y por tal la sombra de la derrota no se asomó nunca en el cielo de Carabobo. Y por eso será, que en las pinturas que eternizan esa acción, el cielo de Carabobo aparece sumamente claro, en la claridad del blanco y el azul que conforman sus nubes. Allí estaban los distintos componentes de su ejército, con sus respectivos uniformes distintivos, desde el infante, pasando por el lancero, el artillero hasta llegar al imponente miembro de guardia de honor del Libertador. Allí están estos soldados de la patria próxima a nacer libre. Y Debemos decir que aquellos no fueron soldados improvisados, no era un ejército reclutado al azar, sino formado en el arte riguroso de la guerra, ya que desde 1818, venían recibiendo instrucción militar de jefes británicos y "ahora estaban allí listos a una batalla de “nación a nación”.

MAÑANA SERÉIS INVICTOS EN CARABOBO: Por esta consideración, acaso, bolívar poseído de una emoción indescriptible arenga a sus soldados. Y es cuando les dice: "Os considero dignos de pelear al lado de los hijos de Albión. Habéis comprobado vuestro valor en cien batallas. Habéis triunfado de la miseria y de la muerte. Mañana seréis invictos en Carabobo".
Sigamos en el accionar de la batalla con el lenguaje descriptivo de Carlos Soto Tamayo: "Las unidades realistas estaban entrenadas y tenían experiencias guerreras adquiridas en campos de batalla europeos; pero ahora iban a enfrentándose por primera en Venezuela, a un ejército regular, entrenado para la maniobra y conocedor de los procedimientos tácticos empleados por el enemigo". Dice luego el analista militar: "Los realistas ocupaban la parte más poblada y rica del país, tenían aseguradas las comunicaciones con el exterior y contaban con vías interiores favorables lo cual facilitaba la solución de los problemas de abastecimiento de su ejército. El estado de armamento y equipo podía considerarse satisfactorio".
Vistas estas consideraciones del general Soto Tamayo, pensemos entonces en lo ciclópea que fue la acción cumplida por nuestro ejército, al derrotar a un enemigo poderoso que gozaba de todos los privilegios del momento, tanto en lo territorial como en las dotaciones técnicas. Todas estas ventajas fueron superadas por los patriotas, y era porque cada paso había sido previamente estudiado hasta en el último detalle. Y así, los planes del Libertador fueron cumpliéndose con exactitud, y desconcertaba cada vez más al comando realista, que no sabia responder a las iniciativas y operaciones tomadas por el Libertador. Las decisiones de los realistas carecían de lógica; sus reacciones siempre fueron tardías. Había como una especie de desánimo moral entre aquellos hombres, que siendo miembros de comandos experimentados y de unidades bastante calificadas, no obstante, daban muestras de improvisación, se apresuraban por momentos, y vacilaban como si realmente carecieran de un plan de operaciones.

EL CAMPO DE CARABOBO: El día 24 de junio de aquel memorable año venezolano de 1821, el ambiente de Carabobo estaba soleado. Un fuerte sol, dicen los historiadores, alumbraba aquellos campos desde la mañana. La batalla de la libertad fue en pleno mediodía:
Tres unidades estaban bajo el mandato de Bolívar: Páez en la primera división, Cedeño en la segunda Ambrosio Plaza en la tercera. En vista a sus apreciaciones ordena a Páez ataque por la derecha, secundado por Cedeño, mientras Ambrosio Plaza resguarda el frente. No esperaba el enemigo esta maniobra. Su jefe, Miguel de la Torre, se encuentra de pronto encerrado en un triángulo. Ordena al segundo batallón, el Burgos, que marche a disputarles a los patriotas el acceso a la llanura, galopando hacia la colina del Chaparral. El Bravos de Apure se repliega por dos veces consecutivas, los lanceros heroicos se abren paso y saltan sobre el riachuelo Carabobo".
El combate se da en plena efervescencia. Está próximo a brillar el sol de la Libertad. El ejército venezolano libra su mejor combate. El Hostalrich y el Infante refuerzan al Burgos que ha caído como centella sobre el Bravos de Apure. Todo allí es un solo camino de lucha en la búsqueda de la victoria. La confusión enreda la trama de ambos bandos que estrechan sus posiciones "se parten las bayonetas. Se encienden los ánimos y realistas y patriotas resuelven combatir de hombre a hombre".
En este momento el valor del soldado venezolano queda fuera de toda duda. El arrojo de los hombres del ejército nacional es inaudito y uno a uno van cayendo a sus pies soldados españoles moribundos, que en el final de la inmortal jornada habrá que contarlos por miles, tal cual lo afirmaría el Parte del Libertador, dado al final de la batalla: "El ejército español pasaba de seis mil hombres, 400 habrán entrado a Puerto Cabello. El Ejército Libertador tenía igual fuerza que el enemigo, pero sólo una quinta parte de él ha decidido la batalla. Nuestra pérdida dolorosa: 200 muertos y heridos".
Tal es, en síntesis, la desproporción manifiesta en las pérdidas humanas  de ambos bandos. Y es que no podía ser menos  la gloria de nuestro Ejercito, porque el mismo luchaba por la libertad de la patria. Y luchar por la libertad de la patria pareciera corno si convirtiera en impenetrables los cuerpos de los soldados nacionales.
Es conveniente también hacer una breve reseña del arrojo de los británicos que pelearon al lado de los venezolanos a lo largo de toda La Gesta Emancipadora. Y algunos historiadores han calificado a estos soldados como mercenarios. Sin embargo, pensamos que es como quitarles parte de la gloria que les corresponde al darles tal denominación, porque es que el mercenario combate más intereses bastardos que por conveniencia de conciencia. Aquella Legión Británica de Carabobo, sintió en su corazón la causa de la Independencia, y su arrojo y valentía los colocó en primera fila, como surgiendo de aquella inmensa nube de polvo para enseñar el camino final de la victoria. Allí se coló el Cazadores Británico al mando del Coronel Farriar, en el momento más dramático de la contienda. Allí "El abanderado ashdown clava con gesto altivo nuestra bandera tricolor en tierra. Farriar arroja al suelo los morrales y bajo una tormenta de balas le grita a los suyos la orden de ¡Firmes! ordenándoles hincar la rodilla en tierra para formar un bloque humano. ¡Viva la América libre!, es el grito de Farriar herido de muerte”. En su Parte de la batalla, Bolívar elogió la actitud valerosa del batallón británico, y subrayo que, "El batallón británico mandado por el noble Coronel Farriar se distingue especialmente, incluso entre tan valerosos asociados”.
Y llega el momento en la batalla de la histórica actuación de Páez, el valeroso General que derrochó coraje ante la muerte, para erguirse pleno de gloria en aquel campo de batalla. Páez fue el fundamento nuclear de la actuación de nuestro ejército, porque, habiendo sido rechazado su ejército por el Batallón "Burgos”, se reincorpora al combate luego de reorganizar sus efectivos y lo hace con tanta determinación que logra desordenar definitivamente las formaciones realistas. Este es el momento cuando la acción se decide a favor de las fuerzas republicanas: Los batallones "Hostalrich" y "Burgos", fueron puestos fuera de combate; el Batallón "Barbastro” fue rodeado y se rindió; la caballería realista huyó hacia El Pao; las rutas de escape de los Batallones "Valencey" e "Infante", se encontraban peligrosamente amenazados por las fuerzas patriotas (...) La disciplinada y rápida retirada del "Valencey", no solamente salvó de un desastre a sus efectivos orgánicos sino también al propio Comando Realista".
Muy poco duró el clímax del combate; una hora simplemente les costó a los patriotas obtener resultados tan importantes, al mismo tiempo que causar al enemigo cerca de 3.000 bajas. En nuestro ejército las bajas no llegaron a trescientos.
Terminadas las acciones, Bolívar se adelantó hasta Tocuyito, acompañado de su Estado Mayor. Pensaba allí planear las acciones para el finiquito de la presencia realista en nuestra Patria. Efectivamente, dictó disposiciones para obtener el rendimiento de las últimas plazas realistas, y continuó su camino hasta Caracas, cuya ocupación no tuvo resistencia alguna.

LA GRAN VICTORIA DE CARABOBO: Cedamos la palabra al notable historiador venezolano Rafael María Baralt, para que resuma con su galanura de estilo, la gran victoria de Carabobo. Esta victoria, dice, "obtenida con sólo una parte muy pequeña del ejército colombiano, fue completa y brillante: ella coronó al cabo de once años, la empresa que Caracas empezó el 19 de abril de 1810: fue gloriosa para las armas de la república y su jefe, de gran prez y honor para Páez y de inmortal renombre y fama para la legión británica que contribuyó poderosamente a ella, haciendo prodigios de valor. El congreso, reunido ya en el Rosario de Cúcuta, decretó a Bolívar y al Ejército los honores del triunfo y ordenó que el retrato del hijo ilustre de Caracas fuese colocado en los salones de la Cámara Legislativa con esta inscripción: Simón Bolívar, Libertador de Colombia. En todos los pueblos de la República y en las divisiones de sus ejércitos se dedicaría un día del año de regocijos públicos en honor de la victoria de Carabobo. A Páez se le concedía el empleo de General en Jefe que "por su extraordinario valor y sus virtudes militares, le había ofrecido el Libertador a nombre del Congreso, en el mismo campo de Batalla". Y finalmente, entre otras cosas, se ordenó levantar una columna ática en la llanura de Carabobo para recordar a la posteridad la gloria de aquel día y los nombres de Bolívar, de Cedeño y de  Plaza". Hasta aquí el asentamiento de Baralt.

UNA ACOTACIÓN FINAL: Carabobo, sigue siendo una lección de venezolanidad. Así como en sus campos se labró el destino inicial de nuestra Independencia absoluta, así mismo en los campos contemporáneos tiene que labrarse la victoria de nuestro desarrollo, de la cultura y de la paz. Carabobo para todos nosotros tiene que ser un lucero de historia que nos alumbre para laborar por nuestra patria, para amar a este gran país que con arrojo y valentía de sus soldados y de sus civiles, sigue empeñado en la gran victoria de la democracia y de la justicia social. 


Carabobo es una eterna clarinada de venezolanidad, es el orgullo de una república grande. Es el grito incontenible de un país que tiene el compromiso moral de sostener muy alta la herencia de la libertad, la soberanía y la democracia.