jueves, 13 de abril de 2017

SOBRE EL SANTO SEPULCRO DE CHIQUINQUIRÁ (I)

Los que somos de la parroquia, primordialmente,  y los de la ciudad también, en Trujillo, por esta época de Semana Santa, sentimos identidad con las imágenes de nuestras iglesias, esencialmente con el Santo Sepulcro, en la Chiquinquirá y con la Dolorosa en la santa iglesia Catedral. Al rememorar aparecen en la mente ambas imágenes sagradas, se hacen cuadros vivientes que nos parecieran presenciar en su desplazamiento por las calles, el Viernes Santo, en su recorrido de subida hasta los predios del colegio de las monjas, al principio de Carmona, y  de bajada, hasta la iglesia matriz.  Pero antes  de llegar al templo principal  se encontraba Jesús yacente con la Madre, en la esquina de “Almacenes Maldonado”, recuerdo, en el límite de las dos parroquias centrales de la ciudad. Y la muchedumbre de fieles apesadumbrados, y las ruidosas “matracas”, que desde el día anterior, jueves, sustituían las campanas, porque no se podía repicar, aunque las matracas eran también un repique ruidoso hasta el estruendo, y producían temor en los niños de lo cual fuimos testigos, pues fuimos niños temerosos en aquellos años ya distantes, en los que nuestros padres sostenían con firmeza y fe un catolicismo practicante y auténtico que nos sirvió de ejemplo moral, o más, de adquisición en el afianzamiento de valores, a nuestra condición espiritual creyente.

La Semana Mayor, que no llegamos a entender este sintagma tan conmemorado , sino mucho tiempo después, como proceso fundamental  en la instauración de las prácticas fundacionales de la iglesia, renovación  anual de antiguas tradiciones, de tanto sabor histórico y litúrgico(…) de los santos días de cuaresma, “Los más grandes misterios  de nuestra redención, es decir, la pasión, la muerte y la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, fueron celebrados cada año por la santa madre iglesia, desde la época apostólica, con una solemnidad muy singular. Se conmemoraron ante todo los momentos más salientes en un especial triduo, llamado de: Cristo Crucificado, Sepultado y Resucitado”.

Estábamos lejos de entender esa disposición conmemorativa. Solamente asistimos como testigos mudos de aquella procesión monumental, plena de un aura musical que interpretó por años la Banda “Sucre” del Estado, con piezas del repertorio clásico religioso venezolano, muy hermosas también, pero que pasaron años antes de saber que eran el “Popule Meus” de José Angel Lamas, y la “Marcha Fúnebre” de Selle, composiciones  gravitando en la memoria recordatoria de una época local repetida año tras año antes, pero que desapareció en su esplendor musical cultural, una vez que advinieron los tiempos en que la organización musical oficial del Estado se hizo mayormente académica y profesional. De todas maneras, en la recordación, la acción participativa quedó como aura afectiva en la definición del contexto diacrónico en que se pueda inventariar el pasado socio-cultural de esta ciudad de Trujillo.

Un sabor de reminiscencia aparece en nosotros en cada Semana santa, de una época en que la ciudad se refugiaba alrededor de la iglesia  para dar cuenta de su vida cristiana, de una especial dignidad salida de la familia entera, porque no eran solamente los padres los que se dirigían al templo con singular recogimiento, sino  los más jóvenes también: escolares, por demás, que recibíamos una lección ritual en la escuela, como ejercicios de devoción inculcados por sanas preceptoras, pues tuvimos maestras en casi todos los grados de la primaria, que se interesaban en darnos esa práctica cristiana, esa breve liturgia que la cumplíamos en la pequeña dimensión de nuestra edad, sin llegar a entender ni un poco de su inmenso significado.


La ciudad de Trujillo ha ahondado en el tiempo su vocación religiosa. Esta conducta espiritual le señala una condición de identidad. Le ha prodigado memoria histórica y biografía imperecedera. Lo religioso entre nosotros se exhibe como un contenido fundacional, que el tiempo ha mantenido para conocimiento y práctica de las generaciones. Es lógico pensar que los tiempos cambian y se van actualizando por las contingencias que impone la misma dinámica social. Pero, al nombrar lo pasado, desearíamos  que   esos hechos propicios no sólo los viéramos  referentes de recuerdos,  como cuadros inexpresivos, sino antes más bien, como ensayos históricos que den pie para recobrar  fuerzas morales   vencidas por el tiempo, pero  rescatables y puestas  de cimiento a otras fuerzas nacientes,  para un fortalecimiento de la conciencia social tan decaída y vulnerada  en este tiempo crítico que estamos viviendo los venezolanos.

martes, 4 de abril de 2017

VÍCTOR MANUEL ZAMBRANO: UNA SEMBLANZA

Esta semblanza  del profesor Víctor Manuel Zambrano, que acaba de morir en medio del dolor familiar y amigo, debí escribirla antes. Y debió, en todo caso,  ser un homenaje ético a una persona  viva que desbordaba  capacidad, cariño y amistad  entre nosotros; existencia  que ahora se apaga físicamente, pero nunca de espíritu ni  de afectos, porque su nombre  goza de la gloria eterna, de la misma gloria  que merecen aquellas personas que en vida tuvieron espíritu, afectos y nombre, como una consagración, o mejor aún, que la lucharon  y  ganaron  por sus realizaciones terrenas.

Hace tiempo había ese llamado de atención conmigo mismo de comenzar a historiar al profesor Zambrano como personaje merecedor, no del elogio, sino del reconocimiento, no de un simple panegírico, sino de escribir  sus hechos  para una preservación moral,  porque en este educador supo prevalecer la conducta humana, silenciosa pero eficaz, callada pero llena de pedagogía, de una sana pedagogía en valores, porque el profesor Zambrano tensionó una personalidad integral que todos le conocimos, los de antes porque supimos de sus actuaciones cuando llegó a esta ciudad en funciones de supervisión educativa, por los años de la década del sesenta, y los de luego, porque lo vieron actuar en las diversas causas que lo motivaron al servicio, como hombre útil para la formación y conservación de los valores sociales más trujillanos, para la creación de una ciudadanía apropiada  y trascendente.

Yo tuve la suerte de ser uno de sus amigos iniciales, de conocer su hoja de vida, de compartir con él,  no posiciones, pero si inquietudes, ya que desde  temprana edad hemos andando los caminos de la educación. Zambrano venía fortalecido a hacerse cargo de un organismo que estaba muy debilitado: La Oficina Regional de Educación de Adultos. Venía de una escuela e hizo escuela. Venía de una legión andragógica muy nutrida en formación. Era uno de ellos y nombraba con asiduidad a sus compañeros de campaña.  Era la escuela de educación de adultos, como se llamaba,  que tenía de epónimo  a Luis Beltrán Prieto Figueroa, y la constituían, entre otros Félix Adam, Inocente Vásquez, César Navarro Torres, Pedro Tomás Vásquez, Luis Contreras, Hugo Fernández Oviol…Víctor  Manuel Zambrano era uno de esos nombres. Siendo de ellos él los nombraba con alegría y satisfacción. Eran sus compañeros. Esos nombres, valiosos todos, se quedaron como paradigmas en medio de nosotros, gracias a que Zambrano los repetía, como para dar mayor consistencia a sus delicadas funciones supervisoras.

En Trujillo, la ciudad epicentro de esa Supervisión, este buen funcionario consiguió también un grupo profesional de excelentes condiciones, por lo que el éxito de cada campaña  no se hizo esperar. Su gestión fue positiva, y su arraigo en la ciudad comenzó a gestarse desde entonces, porque vio aquí un escenario socio-comunitario acordemente apropiado con lo que era el fundamento de su profesión docente y de su vida total, y lo fue siempre: la educación y la cultura como proyectos interiores para acrecer el sentido de la existencia. Zambrano entonces se fue haciendo y se hizo al final, uno de los ciudadanos de la ciudad: con un grado de compenetración que se convirtió en amor creciente por lo local, por todo lo que significara trujillanía; en una correspondencia  devenida en trabazón, en abrazo; una atracción que lo fijó a la tierra para no poder desprenderse ya más, como vemos que  sucede entre el hombre y el suelo, por ese concepto de siembra y pertenencia,  dupla de ancestros  y  acervos de que tanto nos habló don Mario Briceño Iragorry.

Hay en mí otra deuda contraída con él, porque me pidió reiteradamente que escribiera sobre el Dr. Miguel Rodríguez Pozo, padre de la señora Consuelo y de otros hijos llenos de afectuosidad como ella. Lo pude hacer y no lo hice. Tengo que hacerlo ahora, porque en el fondo de aquel pedimento subyacen valores del profesor Zambrano, como la afectividad, la lealtad, la familiaridad con los suyos, la gracia de querer mostrarles lo que conformó  la vida de un hombre importante de la trujillanía, como fue sin duda el doctor Rodríguez Pozo de dilatada actuación jurídica; mostrar afectos filiales como una pedagogía para la vida de las nuevas generaciones familiares, y aun, sociales de esta comunidad específica.

Hombre preocupado, como el más, por la suerte de la ciudad, fue el profesor Víctor Manuel Zambrano. Tantas veces intervino en jornadas en las que se buscaban las reivindicaciones que requería esta ciudad  nuestra, tan maltratada, y tan vulnerada por la incomprensión. Hubo dolor en él por Trujillo, y lo manifestó siempre como  muchos sabemos porque estuvimos a su lado, y su voz sonaba y su idea, su inconformidad por un estado de cosas sociales que no tenían razón de ser en una urbe de tantos aportes, de tanta intelectualidad, de tantos ciudadanos  representativos.

En los hombres buenos siempre hay la primacía de lo espiritual. Víctor  Zambrano goza en su integración como persona que fue, de esa condición que lo valora y distingue. Estoy hablando en presente porque quiero  destacar que en los grados de saber los individuos con sus actuaciones dejan traslucir sus principios esenciales, los rasgos de su personalidad, y en Zambrano no había sino una apetencia interior, un deseo o un sentido nunca material, sino de adentro, del corazón, seguramente. Porque cito: El núcleo fundamental del espíritu es el corazón, el santuario de sentimientos de donde se originan la voluntad, la energía y la determinación de cualquier persona para su verdadera mejoría en el interior de sí misma.” Tuvo entonces dolor interior  por Trujillo. Y esa preocupación es un agregado a su valoración como persona y como ser moral.

Formarse en el  servicio con desinterés propio es una virtud no muy apetecible para el común de las personas, pero lo es en aquellos que sí tienen desarrollado su mundo interior, que aprenden a sentir que los ideales tienen tinte moral, que son especie de “categoría del ser, una forma de cultura, que se hace un saber, un sentir”, por lo que acuñan esa conducta y la ejercen en todos sus comportamientos. Además, de que hubo en él la constante observación que brindó a un mandato de la pedagogía cultural que nos habla sobre que, “el hombre debe perfeccionarse  en el mundo”, como un anhelo, una satisfacción dentro de su propia definición espiritual que lo lleva a la trascendencia. Y eso hizo en su realidad viviente, cuando mostraba la imagen de una persona equilibrada y ponderada, sin ostentaciones ningunas, solamente interesado en vivir en consonancia con su buena formación social, moral y cívica.

Con este concepto, humanizado, Zambrano fue, por encima de todo, un personaje sociable, tratable, amigo de todos en la conversación cotidiana que la ejercía caminando por el centro de la ciudad, sin mirar jerarquías ni escogencias, porque en el fondo toda palabra vale y dice, cuando se pertenece al ámbito de la igualdad humana, como simples personas que somos. Responsable en eso de entender que socialmente  todos somos hermanos y debemos  dar causa para la amistad y la correspondencia. De modo que mucha parte de su personalidad estuvo sustentada por su sencillez personal, como un don.


Tengan la seguridad de que la ciudad de Trujillo, por su gran fibra moral, quedará eternamente agradecida con este ciudadano que llegó a ella un día desde su tierra tachirense, y comenzó a tejer una historia educativa que sobresalió de su .ámbito concreto hasta otras dimensiones. Su marca entonces es esa ejemplificación  de haber sido de trabajo y humilde, y de una gran consistencia  interior como son las personas humanas en su autenticidad.

sábado, 1 de abril de 2017

PROGRAMA RADIAL ESPECIAL CON MOTIVO DE LOS 77 AÑOS DE RADIO TRUJILLO

TRUJILLO EN LA MÚSICA DE EZEQUIEL PAREDES
PRODUCIDO POR ALI MEDINA MACHADO
LOCUTOR PROFESIONAL Nº 5052  DEL MINISTERIO DE COMUNICACIONES
CONDUCCION TÉCNICA. NUMA BARROETA

TRUJILLO, 4 DE FEBRERO DE 2017

CONTROL. Cortina musical… aumenta volumen…se deja al hablar el locutor.

LOCUTOR. Señoras y señores, muy buenas tardes. Hoy, la emisora del pueblo trujillano, Radio Trujillo, está celebrando 77 años de vida, ininterrumpidos, desde aquel lejano año de 1940, cuando Don Pedro J. Torres, visionario hijo de la ciudad, dio vida a una  empresa radial que, desde entonces, trabaja incansablemente por los intereses vitales de esta localidad capitalina, y por todo el estado, como está demostrado en su extensa bibliografía existencial. Honor a Radio Trujillo en su septuagésimo séptimo aniversario. Honor a una de las empresas históricas fundamentales de la Ciudad de la Paz.

CONTROL. Cortina musical…aumenta volumen…se deja al hablar el locutor.

LOCUTOR. Estamos empleando como cortina de fondo en este programa especial, música de la Banda Oficial de Conciertos “Laudelino Mejías”, en un disco compacto de la Fundación “José Antonio Carreño”.

CONTROL. Cortina musical…aumenta volumen…se deja al hablar el locutor.

LOCUTOR. La música es una de las fortalezas de Trujillo, uno de sus signos de identidad más notables y significativos. Por la música ha vivido el hombre y la comunidad por siempre, por lo que en todos nuestros pueblos aflora el acontecimiento musical, y se hace presente por medio de sus géneros populares para con ello ir fabricando la geografía espiritual de nuestra entidad total. Y en la ciudad de Trujillo, nuestra ciudad, ni se diga: su historia está llena de acontecimientos musicales por medio de instituciones, grupos, asociaciones, compositores e intérpretes de los más diversos géneros, como está recogido este patrimonio en un buen grupo de álbumes discográficos, y en archivos, más que todo de tipo privado, aunque también los encontramos institucionalizados.

De esa gran gama de compositores e intérpretes, hemos creído conveniente en este programa especial con motivo del Día de la Radio Trujillo, que así llamamos los trujillanos el aniversario de la emisora, cada 4 de febrero, rendir un pequeño homenaje de reconocimiento y de cariño, a un intelectual de las nuevas generaciones, el Licenciado y Profesor Universitario EZEQUIEL PAREDES, que de manera eficiente sobresale hoy día entre nosotros, por su constante participación y quehacer productivos, tanto en la escritura , que lo está haciendo muy bien, como en la producción temática musical, con piezas que describen  física y espiritualmente a la ciudad, tanto en su significación geo-histórica, como en sus nombres y lugares, a los que les  sintetiza sus cualidades, con letras apropiadas y con música acordada, para darnos páginas sentimentales que llegan al corazón, y hace sentir la emoción de la más genuina trujillanidad. Ezequiel Paredes es un hijo auténtico de esta tierra de la paz, con la que se identifica en toda su plenitud.

CONTROL. Cortina musical…aumenta volumen... se deja al hablar el locutor.

LOCUTOR.  Ezequiel Paredes es oriundo de estos contornos, de la cercanía de Radio Trujillo. Emocionalmente vive apegado a estos paisajes, a su gente, a sus sucesos, grandes y pequeños sucesos ocurridos en este largo trecho de más de medio siglo. Pero, Ezequiel es hijo también de la ciudad, a la que canta con la devoción que enseña la espiritualidad, el mundo interior sensible de los compositores, de los que son creadores intelectuales.

La parte musical del programa la vamos a iniciar con un tema que se titula CANCION A TRUJILLO, letra de Ezequiel Paredes, música del profesor Alfonso Rodríguez, arreglo musical del profesor Richard Salas. Y vocaliza Maoli Aranguren.

CONTROL: Canción a Trujillo… primer surco del disco C. D.

CONTROL. Cortina musical…aumenta volumen…se deja al hablar el locutor.

LOCUTOR. El paisaje de nuestra ciudad nos atrae a todos, como una bendición. El bucolismo nativo ha sido numen para el ansia creativa de los compositores musicales, de los poetas, de los artistas plásticos…Lo acabamos de percibir en  el reflejo de la letra de la canción de Ezequiel, en la que habla del amanecer que resplandece,  la intensidad del azul celeste, los cerros seculares de armónico verdor, como nos dice. Tierra ésta en que han nacido maestros musicales, educadores, poetas, artistas, cantantes a granel; todos poseedores de una gracia humanizada que los hace trascendentes y en eterna permanencia.

Ezequiel, formado en la Universidad Central de Venezuela, en Ciencias Contables. Hizo rendir largamente su importante carrera profesional  en diversos ámbitos de Caracas y de Trujillo, hasta una función docente universitaria efectiva y reconocida. Pero,  atendió también el llamado de la tierra, y desde hace años está en Trujillo, creciendo con sus realizaciones, aportando sus conocimientos, no tanto en los asuntos específicos de su profesión, sino abarcando un contexto cultural-social, que se dimensiona en la escritura ensayística, con producciones de importancia, y en asuntos de la creación artística, de la composición de canciones que hasta ahora, recoge una interesante producción, con características toda ella de elevada condición vernácula local, en la que resalta lo geográfico, lo paisajístico y el ámbito ecológico natural.

CONTROL. Cortina musical…aumenta volumen…se deja al hablar el locutor.

LOCUTOR. Un total de ocho composiciones hemos seleccionado  para este programa especial que estamos ofreciendo en el momento celebrativo  de los 77 años de Radio Trujillo. Ocho piezas musicales que tiene que ver con la ciudad, por la identidad amatoria de un autor que ve popularizar sus creaciones en la misma ciudad, en medio de su gente, en medio de instituciones  que están haciendo historia, por su entrega, por la pasión en el cumplimiento de los objetivos propuestos, como la Fundación “José Antonio Carreño”; por el aval que brindan profesores de alta categoría académica, como Alfonso Rodríguez; por instituciones educativas que cumplen una labor de difusión y extensión cultural como la Coordinación de Extensión y Cultura del Núcleo Universitario “Rafael Rangel” de la Universidad de Los Andes, o como la emisora Radio Trujillo que, históricamente sabemos, ha sido el centro inspirador y asistencial de los grandes y pequeños compositores trujillanos que hemos tenido.

Ezequiel Paredes aparece involucrado en este acontecer. Su ayuda a la construcción de nuestra cultura popular actual es de mucho valor. Y vemos ese valor a través de su cancionística.

Pero, así mismo, no puede ser el compositor extraño  a su propio quehacer interior, a su mundo espiritual afectivo. Y vemos que Ezequiel vuelve sobre sí mismo para hablar de sí, de sus vivencias internas, de su estado afectivo, del acontecer de su espíritu. Por eso, esta segunda entrega musical de su autoría se titula: CÓMO TE RECUERDO, con música del profesor Freddy Aranguren, arreglo musical del maestro cubano-español Juan Manuel Acosta. Y La canta: Rosendo Morillo.

CONTROL. Cómo te recuerdo…surco 2 del disco compacto.

CONTROL. Cortina musical…aumenta volumen…se deja al hablar el locutor.

LOCUTOR. Como observamos en la anterior canción que vocalizó Rosendo Morillo, el autor se detiene en un momento propicio del día: el ocaso de una tarde, a pensar en el amor, a recordar que  amar, siendo un infinitivo  masculino, se sustancia fundamentalmente en lo femenino, en la mujer, que es sensibilidad, arrullo y olor; expresión de sentidos por la belleza y manifestación de afectos, por su mundo interior sensibilizado también. Así entonces, el efecto de la música se convierte en un entusiasmo por la vida, por el gozo y el placer que produce lo femenino humanizado.

CONTROL. Cortina musical…aumenta de volumen…se deja al hablar el locutor.

LOCUTOR. Dije en una oportunidad: ningún trujillano o persona ligada a Trujillo puede evadir el cariño por Radio Trujillo. Si se goza del afecto y querencia por Trujillo, también se piensa en esta casa, en este hogar radial que  nos identifica y  une socialmente. Aquí se vive diariamente la fiesta del espíritu; se vive el presente, pero también se revive el pasado, porque los trujillanos solemos regresar siempre a nuestros recuerdos gratos.

Y en proyección de este lenguaje sentimental, son vivencias de su propia existencia lo que encontramos en la visión y el análisis de las letras de cada canción de nuestro autor, porque sólo sus títulos  son signos de identidad trujillana, reencuentro con los acervos y los ancestros citadinos, como una leve geografía que anida en él para posicionarlo en los lugares de la ciudad, y hacerlo un poblador que viene a hablar por los otros pobladores, tal lo hace el cronista, siendo así  que Ezequiel es un cronista musical, un hacedor de crónicas musicales, por el contenido total de su temas que nos llevan , a una peregrinación mental por un lugar  concreto, por un espacio determinado, sea la quebrada, el río, el pueblito, el parque o la plaza; el callejón, o los nombres de aquellos personajes que llegamos a conocer y se quedaron grabados en la significación de un recuerdo propicio. La Alameda, lugar tradicional de la ciudad, en uno de estos sitios nombrados por el numen del autor. Dice así en su letra: ”Nidal primoroso de sol, lugar de brisa, rincón empinado, mirador, simiente que alberga el amor de los hijos, ruta de Dios, la cima hacia la arboleda”. En fin, una topografía  definida por el trasunto creador del compositor.

“MI ALAMEDA PRIMOROSA” es el título de la pieza musical que vamos a escuchar a continuación. La letra es de Ezequiel Paredes, la música del profesor Alberto Briceño, el arreglo es de Richard Santos, y canta Carlos Carreño.

CONTROL. Disco Mi Alameda Primorosa…surco tres  del C.D.

CONTROL. Cortina musical…aumenta volumen…se deja al hablar el Locutor.

LOCUTOR. Radio Trujillo nació para fabular la historia de esta tierra, para convertir nuestros días en vuelos hacia las dimensiones universales. Nada que no se ha hecho por la Radio ha ido tan lejos en la geografía del mundo. Aquí, o desde aquí se alejan los vuelos de las voces y las inquietudes de los trujillanos durante mucho más de medio siglo. Ya con sus setenta y siete años, la Emisora es un inmenso reservorio de historia local y regional. Por eso es un patrimonio, un ícono, un símbolo.

En el aniversario le rendimos tributo por el tributo que damos a un excelente trujillano, Ezequiel Paredes que, como muchos de nosotros, es de estos contornos, conoce la plenitud de la Radio y sus circunstancias, porque la ha recorrido por dentro y por fuera;  conoce su historia, la ha paladeado como otros infinitos hijos trujillanos.

De los productos musicales de Ezequiel, vamos a escuchar otra página emotiva que tiene que ver con la ciudad. De esta composición que tiene  dos versiones: esta primera que ofrecemos  se llama PUEBLITO DE SAN JACINTO, letra y música de Ezequiel. El arreglo musical corresponde al profesor Alberto Araujo. Y la canta el propio autor.

CONTROL. Disco surco cuatro…

CONTROL: Cortina musical…aumenta volumen…se deja al hablar el locutor.

LOCUTOR. Nuestra música regional ha tenido una profunda significación socio-cultural. Trujillo, la ciudad, el estado, se conocen muchos por intermedio de su quehacer musical tradicional, de los grandes y pequeños compositores que han hecho sus creaciones artísticas en todas las épocas. Hoy, existe una avanzada musical popular alrededor de una Fundación  que lleva el nombre de un notable músico nativo, el maestro José Antonio Carreño. Quizás la premonición de su valse más conocido “Acuérdate de mí”, haya sido el fundamento o la categoría moral vista por los creadores y sostenedores de esta gran obra mecénica, para apuntalar el crecido  catálogo de nuestra música actual. Al menos, en la ciudad de Trujillo es así, ya que contamos con varios discos compactos electrónicos con el sello de la Fundación. Y en este caso, vemos la filiación de estos nombres en el disco de Ezequiel Paredes, varios de ellos en conjunción con los discos de la Fundación Carreño.

Y seguimos con música, con buena música apropiada para distinguir el sentido espiritual de este nuevo aniversario de Radio Trujillo…Escuchemos un tema que se titula EL CAMBULLON DE MI INFANCIA, con letra de Ezequiel Paredes, música de Alfonso Rodríguez, arreglo musical de Richard Santos, e interpretación vocal de Rosendo Morillo.

CONTROL. Disco…surco cinco…El Cambullón de mi infancia.

CONTROL. Cortina musical…aumenta volumen…se deja al hablar el locutor.

LOCUTOR. Esta canción que acabamos de escuchar contiene una profunda carga biográfica para muchos de nosotros, nativos de la parroquia Chiquinquirá de Trujillo, más  concretamente del Barrio del Carmen, es decir, del ámbito inmediato de Radio Trujillo. El Cambullón fue un lugar de infancia y juventud para muchos de nosotros, entre los cuales se incluye Ezequiel. Por eso, este poeta, revelador de ancestros lo describe con tantos pormenores en su canción, entre otros, la cascada que dejaba caer el agua de una quebrada que lo atravesaba, la espesa naturaleza de su bosque, el bucolismo y el misterio de sus frondas, lo que nos dice que en la proyección retrospectiva, esta ciudad fue un solo paisaje ecológico antes de sufrir la urbanización  que le cambió ese estado de naturaleza pura.

Y continuamos con música en este programa especial en el Día de la Radio Trujillo. Y nada más acorde con este momento festivo que escuchar otra composición original de Ezequiel Paredes. Se trata de la pieza titulada A MI QUEBRADA DE LOS CEDROS…Lugar de origen, de los padres, de la vida. Allí, los primeros balbuceos existenciales del autor en este lugar tan hermoso, tan lleno de detalles, como la describe Ezequiel en la letra de su canción. Ese devolverse para mirarse como antes. Ese reclamo por lo que ha hecho el tiempo malquistado en contra de los que fue ciertamente un límpido riachuelo, de cuyos bordes nada más y nada menos, dice la tradición, se sacaron los grandes troncos de cedros centenarios, con los que se fabricaron las gruesas columnas de la santa iglesia Matriz de la ciudad de la Paz…”Alivio de mi juventud, -la llama-, secreto de historias”, entre otros hechos calificadores…

CONTROL. Disco compacto…surco seis. A mi Quebrada de Los Cedros.

CONTROL. Cortina musical…aumenta volumen…se deja al hablar el locutor.

LOCUTOR. Estamos presentado un programa especial con motivo de los 77 años de Radio Trujillo, emisora del pueblo trujillano, la eterna sultana musical…Programa que ofrece para ustedes la música profundamente autóctona de un compositor nativo, hijo sentimental  de esta emisora como todos nosotros,  que hemos vivido bajo su amparo espiritual. La Radio ha sido eso, una madre afectiva, porque siempre nos ha cobijado su espíritu cultural humanizado.

Radio Trujillo, ebriedad del espíritu para todo trujillano. ¿Quién en este largo tiempo  de 77 años no ha pisado una vez sus estudios? Qué trujillano no ha sido nombrado alguna vez por sus micrófonos?  Un prolongado beso de agradecimiento viene recibiendo esta casa radial, desde aquel lejano febrero de 1940 cuando inició sus labores comunicacionales. Por eso, en cada aniversario, hacia ella envían los trujillanos  las rosas más rojas, que simbolizan los afectos más puros y auténticos.
Con las creaciones musicales de Ezequiel Paredes le estamos rindiendo a la radio el homenaje más sentido. Por cierto, hace poco le confesé a Ezequiel que sus canciones son muy sentimentales, que constituyen un tributo al alma, al espíritu interior de nuestra ciudad materna, que tienen y despiertan mucha emoción, como dicen los sintagmas de la poseía de varios autores literarios nuestros. Y le confesé la nostalgia  que se desprende de temas como “El Cambullón de  mi infancia”, o como “Pueblito de San Jacinto”, por lo que vamos a ofrecer nuevamente esta última composición  en una versión diferente. Con arreglo esta vez de Marcos Cabrera, (MAPOLO)…Canta: MAPOLO…

CONTROL. Disco C.D. surco 7… Pueblito de San Jacinto.

CONTROL. Cortina musical…aumenta volumen…se deja al hablar el locutor.

LOCUTOR. La música trujillana ha tenido una profunda significación histórica. Estamos llenos de compositores, de obras y  de agrupaciones. Grandes maestros con producciones clásicas, como Laudelino Mejías: grandes organizaciones como la Banda Oficial del Estado, centenaria… La música ha atraído el interés y la vocación  intelectual de muchos personajes: de unos, para componerla; de otros, para interpretarla. Somos herederos de un gran patrimonio cultural-musical. Lo importante, entonces, es que ese patrimonio se conozca y se preserve; que se mantenga en vigencia permanente. Y esto es una responsabilidad de nuestras emisoras radiales, que deben estar programando  esta música. También de las organizaciones bandísticas y de otros tipos, que deben incluirla en sus repertorios. Y de los cantantes intérpretes, interesándose en versionar y actualizar sus arreglos dentro de sus repertorios.

Hoy, en la ciudad de Trujillo, aunque sabemos que sucede igual en las otras ciudades del estado, existe un gran interés compositor musical. Está apareciendo una nueva música popular, nuevos producciones de temas que enriquecen este acervo. En el contexto regional la cultura musical viene creciendo, y eso es importante. A este propósito hay que darle  todo el respaldo posible. Este esfuerzo creador debe concitar el interés de los medios electrónicos de difusión, los tradicionales y los nuevos, para una programación o, al menos, una inclusión en la programación ya establecida. Es bueno que este caudal musical nos siga representando como signo de identidad, que dé nombre a la entidad y la proyecte.  Que esta producción musical se utilice como recurso didáctico educativo, porque tiene contenidos pedagógicos, ya que habla del hombre y la geografía; del hombre y la historia; del hombre y la cultura, entre otros ingredientes..

Y ese fue el propósito de este programa elaborado sobre un compositor de las nuevas generaciones, de un amante de la música y de las cosas del espíritu; de un hijo de esta localidad que viene destacándose por su espíritu de participación protagónica. Ezequiel Paredes es un ciudadano de la ciudad porque está haciendo ciudadanía, es decir, está colectivizando sus conocimientos.

En la fecha propicia del 77 aniversario de Radio Trujillo, vamos a cerrar este programa especial, con el ofrecimiento de otra producción musical de Ezequiel. Esta canción se titula CALLE ARRIBA SEÑORIAL, con letra, música y vocalización de su propio autor. Con ella despedimos el programa. Será hasta otra oportunidad. Por la atención de ustedes, muchas gracias.

CONTROL. Disco compacto, surco 8—Calle Arriba memorial.


CONTROL. Cortina musical…aumenta volumen…baja volumen.    

jueves, 26 de enero de 2017

PALABRAS A JESÚS ENRIQUE ZULETA

Publicamos este trabajo sobre un gran trujillano. Ciudadano de este tiempo. Intelectual de renombre que está entre nosotros en la amistad, en la aportación, en el lenguaje. Zuleta guía y eso lo enaltece, pero más bien lo enorgullece porque ama a este pueblo que lo lleva en su corazón como una de sus razones de ser.

“Nuestra vida está compuesta por imágenes”, es verdad. Este concepto de imagen no es fácil de manejar, aunque uno lo asume e interpreta desde su propia perspectiva. Uno guarda imágenes, que pueden ser recuerdos, sí,  recuerdos de lo que ha vivido, del paso de su tiempo, de su propio tiempo, puesto en consonancia con la vida exterior que se junta a uno para una biografía total. La sensorialidad, -pues somos seres sensibles-, en nuestro proceso existencial va percibiendo todo, pero graba sólo algunas cosas, las que en verdad interesan. Como decir popularmente que uno todo lo ve, pero no creo que todo lo fije, porque entonces... ¡Imagínense! En nuestra memoria hay recordaciones, múltiples recordaciones, unas alegres y otras tristes porque no todo es color de rosa. El espectro solar pareciera meterse en uno y le va prestando sus colores para ir pintando las imágenes, las percepciones que activa el cerebro de acuerdo con nuestra capacidad, y así entendemos, interpretamos y procesamos en forma particular la aventura cierta de nuestra propia existencia. En mi caso, la nostalgia me anima casi cotidianamente, afina mi sensibilidad, me hace vivir de añoranzas de reminiscencias, de una constante reconstrucción de pasado, como si me gustara quedarme estacionado en el pasado.  En mí, particularmente, el pasado es un corpus que amo con deleite, hasta con fruición. (de  Rugeris, Galavis, González-( LUZ, 2013)

Hablo así, porque me piden que hable de Jesús Enrique Zuleta Rosario, y hablar de este ciudadano de la trujillanía, es como envolverse en una biografía colateral que se llena de lenguaje por todas dimensiones, hacer una totalidad y no una selección, cubrir todo un camino y no un aspecto de las múltiples vertientes por las que puede asumirse el conocimiento de este hombre ejemplo-paradigma sustentador de todo lo que puede haber en la configuración de una persona y de una personalidad, entre los rasgos del cuerpo y los rasgos del espíritu, la pertinencia eficaz de una vida bien entendida y sostenida, como hecho trascendente y trascendido a la vez, que todo lo configura este gran señor en el proceso vivencial de nuestra contemporaneidad regional. Dador continuo a la  sociedad-pueblo que todo lo ha sabido envolver su cultura desde una idiosincrasia  afectiva que lo ha animado como práctica de vida, hasta ese silencio formador y transformador que ha buscado con fuerza portentosa para  acrecer fundamentos y conocimientos, no en el aislamiento improductivo, sino en un “ocium” pensante que tanto lo fortalece y le da carácter en su intencionalidad humana puesta al servicio  de la ciencia y del humanismo, de lo que ha hecho una sólida cohesión, y transmitirla con la mayor idoneidad y desprendimiento moral a generaciones de gentes de muy diversa gama existencial, desde lo alto académico, que allí puede situarse destacada y solventemente, hasta la charla cotidiana, que pareciera gustarle  mayormente, en los lugares sociales-comunitarios, organizados y no organizados, porque Jesús Enrique es así, llano ,en su conducta efectiva que lo califica y valora como personalidad señera de la vida trujillana.   

Dije al inicio de estas palabras que las  puedo pronunciar  desde la propia biografía, desde  mí mismo, adentro y  profundo.  Poder hablar de una persona, de otra no lejana sino cercana, no distanciada sino avecindada, de un hilo conductor biográfico unificador más que separador, que no es extraño porque está en la memoria, en la mente, en el corazón. A cualquier persona uno la tiene en la mente, pero solamente tiene en el  corazón, a las que profundizan el afecto, la correspondencia, el cariño por la espontaneidad, y aún más, por  la familiaridad. Hay personas  que no son amigas, sino más bien hermanas, se va fundiendo la amistad en la hermandad;  lo afectivo se introduce en la venas, en las arterias como un fluencia, como una corriente  que da fuerzas y alegrías. La retórica poética lo sustenta, se va haciendo más poesía la que se va fusionando en el diálogo, en la comunión, en la fusión de uno y otro, desde la mera enunciación hasta el  apostrofar que deja llegar a la fusión total del yo y el tú, como sujetos líricos, como  una encarnación.

Puedo hablar de Jesús Enrique Zuleta como persona, como hombre cultural importante. Pero, qué cosa interesante, que también puedo hacerlo como amigo, y más profundamente hermoso, es que lo puedo hacer como hermano; porque, ¿no es acaso hermandad el conocimiento y la comunicación cotidiana, interfamiliar de tantos años compartidos en la pequeña ciudad de la nacencia?  ¿No se hacen hermosos los sujetos humanos que se hablan entre sí  en el lenguaje más común, más familiarizado por los afectos? ¿Quién olvida el olvido? Cita en interrogación a Reyna Rivas, el poeta Carlos Augusto León, cuando existe, en este caso,  un compañerismo de más de sesenta años, o un poco más, desde el primer encuentro escolar, la primera convivencia, del balbuciente lenguaje de una primera amistad: encuentro y desencuentro que se hizo rutina luego en el crecimiento parroquial de dos niños de la escuela primaria, de dos adolescentes de la escuela secundaria. En la primaria la primera corrección lingüística, recuerdo: “no se dice patada sino puntapié”, sintagma oracional no de Jesús Enrique  sino de su mamá Tamira, y que él se ríe cuando se lo recuerdo. O decirle que fuimos monaguillos los dos del padre Valera. Y luego más creciditos en el Colegio de los Curas, cuando lo increpó el padre Hernández para decirle: Jesús, ¿vos escribís la palabra dios con mayúscula o minúscula? Y la respuesta irreverente del interpelado: ¡con minúscula, padre!, con minúscula. Por esa respuesta perdió el veinte y la materia Castellano en el lejano año de l957, cuando estudiábamos primer año, en el para mí, inolvidable, colegio  dominico “Francisco de Vitoria”, de Trujillo. Y cuatro años más tarde, en el liceo Cristóbal Mendoza, el altercado con profesores por un malentendido en el Ateneo, cuando Jesús Enrique creyó que dos docentes se estaban burlando, y los denunció nada más y nada menos que en la Cartelera del “Centro Cultural Humanístico” que teníamos los alumnos de humanidades, y que, con tantos aciertos y calificaciones,  lo presidía el primer alumno del curso, nada más y nada menos que Jesús Enrique  Zuleta. Y mire usted que en el curso había alumnos sobresalientes, de alta calidad estudiantil. Así que esa capa intelectual que se le conoce, se la ganó este ciudadano que hoy tributamos, desde siempre,  desde el bachillerato, con el esfuerzo y la constancia con la que los seres inteligentes dirigen su destino y lo forman incansablemente a lo largo de su vida, y lo más significativo, que demuestran ser inteligentes cuando ponen ese conocimiento a trabajar desde el mismo corazón, desde lo profundo del ser, en procura de los otros sujetos que conviven en el medio social comunitario, muchos de ellos necesitados, urgidos de atención, como una protección espiritual que sana y corrige hacia caminos más propicios y más alentadores.

El tránsito vital de los miembros de nuestra generación, de los cuales varios permanecemos vinculados todavía, tiene ese condimento sentimental que lo ha fortalecido. Y eso es bueno, porque pareciera que no sólo hemos unido la hermandad en el tiempo, sino que estamos ahí como una fortaleza que ha  hecho cosas importantes y hecho crecer el nombre de la ciudad y del estado, lo que tal vez no se percibe a simple vista, pero que si es una gran concreción que está subyacente en los anales, y que poco a poco, en la medida de las circunstancias irá haciendo su aparición  para darle animación a sectores del cuerpo social, unos en mayor proporción que otros, pero con signos positivos todos, por esa obra del intelecto y del corazón formados con el  ideario  de la virtud y de la bondad útil, pedagogía sensible con la que debe obrarse como revelación de sabiduría en consonancia con los sentimientos. Y en esta obra sin duda, sobresale lo edificado por Jesús Enrique Zuleta, como el hermano mayor (no en edad, por favor), que lo reconocemos, me atrevería a decir, o el líder generacional, en el buen sentido del término líder,  quien ha estado siempre en el centro de una actividad científica, humanística, entre la educación, la cultura y el servicio social. Hombre del desprendimiento activo y presente en distintos frentes del estado, en el que se conoce como un ícono de identidad humana competente y solidario; participativo y eficaz, pues empuñó desde su juventud profesional  un deseo de formarse y de formar, de conformar una gran personalidad profesional y  académica por el estudio, pues pensó así siempre que la suficiencia en el conocimiento abre los más diversos cauces y lleva al hombre hacia los más sublimes ideales en una práctica del bien y de la solidaridad entre otros valores destacados. Su hoja de vida la conocemos todos, pero es bueno insistir en que la suya es una hoja de contenidos sustanciosos y enormes; acrecida en el tiempo en que se  dedicó al estudio como una ideología. Estudioso en lo más profundo a que se pueda llegar,  lector extremo y exigente, al límite de que el espacio más grande de su hogar es la biblioteca, atiborrada entre el orden y el desorden; la enorme biblioteca en la que hay libros de los más diversos géneros y autores; títulos a granel entre ciencias y literatura; filosofía y artes. Ah, porque usted lo puede abordar de lo que quiera en una temática plural, y para todo  Jesús Enrique tiene una respuesta profunda, adecuada y suficiente; su criterio formal convence a quien lo requiera,  luego de haber dado o indicado una lección reveladora de un buen conocimiento.

Siempre ha sido así, desde el liceo en que era un lector voraz y atrevido. Desafiaba a los profesores con sus lecturas, se les adelantaba, por lo que algunos lo miraban con respeto y parecían pedirle freno a sus inquietudes y a sus requerimientos. En la Universidad, lo mismo. Y confieso que tal vez haya sido éste el único lapso en que entre nosotros se perdieron las huellas y el encuentro. Jesús, ido de Trujillo se hizo un  trabajador a tiempo completo del estudio. Y la Universidad, en tiempo justo, lo devolvió formado, y fue entonces cuando él mismo desde la Universidad, comenzó esta vez un largo trayecto como educador, primero en pregrado, luego en postgrado, y luego en los más altos estrados de la formación académica universitaria, pues así como lo vemos, sencillo en su figura y  amigable, es un maestro del claustro, fecundo, pleno, definitivo. Un acto de esa historia profunda que la  misma universidad le ha reconocido. Aunque él nunca perdió su porte de valor sencillo, campechano, amistoso,  como se comporta en el trato con todos los demás.

Es un hombre de la cultura, sólida su formación cultural. Gusta de conversar de cultura, -para globalizar las temáticas-,  con todos los demás. Y la moraleja, es que no hace ostentación, no se coloca en el podio ni en la cátedra; maneja una informalidad de auténtico maestro, como debe ser, como manda hacer  la conducta recta  al hombre digno, como hace la sencillez al hombre sensible, que ve en el otro una naturaleza común, un igual, una plasmación humana que merece respeto por más que esté solicitando aprendizaje como un simple aprendiz. En Jesús Enrique habita una cultura muy sensible, por eso es tan agradable hablar con él, y por eso  tanto se aprende. Zuleta Rosario es un gran valor pedagógico, es una cualificación moral hecha persona.

Existe otro rasgo destacable en su personalidad. Me agrada mucho el hecho de que comparto con él esta posición. Es el amor por la ciudad, la compenetración por ese pequeño solar espacial, Trujillo,  en que están los ancestros y las primeras vivencias, y hasta las últimas pudieran estar,  por qué no. Ese afecto reverencial por el terrón de origen, de tanto significado y de tanto dolor a veces, por las agresiones y las injusticias de la mal llamada “civilización”. Jesús Enrique ha sido un defensor a ultranza de la ciudad de Trujillo, de los que muchos quizás no tengan conocimiento, pero soy testigo de excepción de esa correspondencia, de ese  nudo de memoria y recuerdo que vive en su pequeño pueblo con alma. En él se potencia seguramente la preocupación por el desamor que aparece. Él como ningún otro, se da cuenta de la falta de conciencia y de espíritu que existe en el poblador local  y en  la institucionalidad  por la ciudad. Él ha llorado las ruinas de muchas de las casas de la ciudad que no debieron desaparecer. Si tuviera un hálito mágico, traería a la realidad física tantos patrimonios que dejaron de ser físicos en la ciudad: monumentos  arrasados por la piqueta, lugares históricos que dejaron de ser una lección de humanismo y de sentimiento patrio; lugares de culto y de ritos arrancados de su sitio ancestral para sustituirlos por modelos arquitectónicos que nada dicen ni trasmiten. La misma dejadez del poblador contemporáneo divorciado de los sentimientos y las aspiraciones de la ciudad. Cuánto debe sufrir su profunda formación anímica, al analizar el estado de la pequeña urbe que antes fue grandiosa desde el espíritu educativo y cultural.

 Cuánta la despreocupación que ve en el colectivo  por no luchar contra la  desaparición de sus instituciones más significativas de la vida citadina en lo cultural,  tradicional y costumbrista: de la cultura social que tanto la distinguió, en sus ciudadanos conversadores que, en su actuación, fueron sabios y aportadores, en el entendimiento de lo que es una ciudad;  en sus medios de comunicación periodística, de los cuales se perdieron los archivos que contenían la mejor historia de la urbe, como el acontecimiento global que es. El hombre y suelo de Briceño  Iragorry, que llegó a  habló de que el poblador trujillano de antes fue  un  sujeto  cósmico por el conocimiento. Todo esto como enumeración interesante ha sido  su  constante preocupación. Sé que es así, me consta que es así, y a muchos de ustedes les sucede igual.  En Zuleta Rosario  se configura la trujillanía, condición dada por la práctica fecunda de la ciudadanía.

Otra virtud muy particular generada en la personalidad de este conterráneo, es que tiene una proyección, o ha logrado una proyección de conocimiento intelectual universal, sin haberse casi despegado de la tierra de origen. Desde su mismo hogar lugareño, sea la casa, la universidad, el consultorio profesional, ha dimensionado una cultura personal, una forma de ser intelectual, un conocimiento total de lo universal, que sabemos  lo tiene y por eso lo admiramos, porque Zuleta en su verdad existencial ha entendido que la profundidad está en uno mismo si es cultivador, si se tiene capacidad de enfrentar el reto que nos hace la cultura, si se topa y asimila la complejidad de las ciencias y de las humanidades, ese conjunto del hacer del hombre por sobre los laberintos de la historia, ese traer del retrotraer de la cultura universal que no pierde vigencia, como si fuese de este momento de la humanidad, aun siendo de siglos antiguos precedentes. Él, aprendió, como sostiene Enrique castellanos, “el exacto significado del tiempo en función de la conciencia del ser”, se sumergió siempre en ese escenario de la sustanciosa bibliografía superior para sacar de ella las fuentes formativas, las capacidades intelectuales que permiten la asimilación e interpretación del mundo natural y cultural, esencialmente de lo que ha hecho el hombre en su orden superior, que lo trasciende y universaliza en el espacio y el tiempo, tal como señala el concepto clásico del pensamiento humano.

Y algo muy importante, que no podemos soslayar, en una semblanza de Zuleta Rosario, es su capacidad para hacer una pedagogía sensible en todos sus procederes cotidianos, desde los más sencillos y convencionales, hasta los graves compromisos a que obliga su condición profesional académica. Sus actos son sensibles, su lenguaje,  su forma de actuar y de compartir   con el otro. Satura su espíritu con esa carga de bonhomía que a simple vista le vemos. Su trato y sonrisa cordiales por la amabilidad con que a todos se dirige por igual, ha creado una conducta sensible, por lo que todos los que lo rodean salen gananciosos de su simple conversación, y con mayor puntaje cuando se trata de asuntos de alguna temática especializada o particularizada. Esa condición de ser sensible a la par de servirle para llegar a todos con una gran efectividad, le permite el acceso a los lugares con toda la naturalidad para un  bordaje desde la conferencia exhaustiva hasta la conversación informal, como es la vida deseable de la persona humana, que es eso, un ser humano dotado y necesitado de la competencia comunicativa para su condición social y sujeto de cultura. Un axioma argentina nos indica que “En pedagogía el que no sabe achicarse no logra enseñar”. Y a veces se cree, equivocadamente, que si el docente o dirigente baja su actuación a nivel del grupo, él mismo se está  rebajando, cuando lo que deviene esa actitud es una gran condición pedagógica para el acto o proceso de la enseñanza  que es un proceso dual: enseñanza-aprendizaje, una actividad entre humanos, una integración con gran sentido recíproco.

Ahora, en este tiempo lúcido que todos vivimos todavía y cuando queremos correspondernos y entendemos;  la necesidad del homenaje, de lo que se llama “los homenajes del tiempo”, que se dan para recibir como un correspondencia moral, muy humana también y de mucho signo espiritual. Los componentes de una sociedad se reúnen y acuerdan una disposición conjunta de rendir homenaje a una persona, a un ciudadano meritorio que ha servido, que ha sido útil por la efectividad de su doctrina, que ha inculcado mensajes sanos y positivos, con el sentido de dar de sí, como una eficacia interior, de sentimientos, de desprendimientos. Y eso es lo acordado y es en lo que estamos: en  un acto en que un grupo ciudadano se reúne para homenajear a un ciudadano ético, de creencias y actitudes muy bien personificadas y practicadas con  una moral formadora de valores también, de actitudes para un cambio o un comportamiento deseable. Jesús Enrique Zuleta Rosario, que es un fundador y un agente de  fraternidad comprobada,  recibe un reconocimiento en un acto plausible  que debemos aplaudir, porque es justicia que se hace al mérito académico, pero con un mayor sentimiento, a la condición humana, al mundo interior, al animado espíritu de un hombre con probidad, caracterizado por una humildad dictada por su inteligencia, por ancestros familiares, por la autenticidad:  una personalidad forjada por las calidades de las grandes enseñanzas recibidas familiar, escolar y experiencialmente; y, colocadas en posición de destino para ayudar a desarrollar formas de vida que facilitan la vida y el bienestar de muchos otros de muy variados contextos sociales-comunitarios.


“Vivir es crecer” es otro axioma que me parece interesante. Y a este acto, amistoso y fraterno, bien pudiera yo repetir que hemos venido a vivir, y que hemos venido a crecer”.

domingo, 25 de septiembre de 2016

FRAGMENTOS


En lo adelante, estimados lectores, estaremos presentando pequeños textos recogidos, o mejor, escogidos, de entre la larga escritura realizada. Una síntesis conceptual de un lenguaje expositivo, cuyo propósito fundamental, es haber querido transmitir un ideario pedagógico, yacente en el espíritu de un escritor, -que como tal me siento-,  que ha visto transcurrir su vida en labores educativas escolares, en los distintos ámbitos del sistema educativo, en el que hemos ejercido esta delicada función cual profesión y tarea enaltecedoras.

Pero, además, en un largo trecho existencial, nos ha gustado hablar de las cosas menudas de la evolución socio-histórica de la ciudad y del estado, en labores cronísticas, con cuya práctica tenemos elaborados varios libros, entre publicados e inéditos, de los cuales, en una labor de búsqueda adelantada en los últimos meses, hemos ido escogiendo trozos, fragmentos, párrafos, de contenidos esencialmente conceptuales, para con ellos, ir cultivando este “jardín” definido, como se puede ver, con las múltiples germinaciones que lo integran en sus diferentes secciones o capítulos.

DE LO GEOGRÁFICO-HISTÓRICO
JARDÍN DE EXORDIOS – TOMO I

1
No dejo de querer a esta tierra que me anida. Las calles con el tiempo detenido. Sus casas grandes en el centro y los alrededores. Y la lineal visión alargada de sus dos calles principales. No oculto el sentimiento de escribir sobre la historia y el acontecer de mi nativa tierra, de sus glorias y de sus fracasos. En ella aún palpitan las grandes epopeyas de la Emancipación, cumplidas por sus hijos y por hombres de otras tierras, que vinieron en aquellos tiempos lejanos a cubrirla con sus hazañas portentosas en la búsqueda de la Independencia.  Se perpetúan en ella los cantos de aquellos pobladores que, con sus instrumentos y sus voces, y con su vena compositora, daban sus serenatas en los ventanales de las casonas, en las noches silentes de la pequeña urbe. Ciudad de ilimitada condición anímica, con su iglesia, con sus tejas, con sus campanas: imágenes del espíritu creyente que han sido pan espiritual del habitante. Tierra cargada de memorias y desmemorias, arrastra secularmente los signos de sus tradiciones  y leyendas, que han servido para eternizar su hondo significado cultural. A pesar de su apariencia pueblerina, este bendito suelo  lleva en su conciencia, la grandeza ancestral de ser la Ciudad de la Paz. La presiden en la estela inmemorial de sus edades, el viejo templo en que han rezado los siglos, y el egregio monumento que desafía la altura inconmensurable de los nuevos tiempos.

2
La ciudad es una realidad pública que busca y debe ser eficiente. Son los individuos agrupados en una red dirigida hacia un hecho concreto, una meta o lugar buscado con sentido prospectivo y real. Una concreción de obras terminadas con características de servicio y utilidad. Una ciudad es un organismo viviente, pues son los habitantes los que la empujan hacia adelante, con la mirada dirigente y supervisora de especialistas previamente dotados de un proyecto para la visualización  de la empresa total que le da vida y le permite el ascenso hacia los estadios de la prosperidad. Convertida en una red de servicios públicos en consonancia con las necesidades de la población, mirada con signos de grandeza, partiendo de sus componentes unitarios bien agrupados y enredados con ansias de significado, con el sentido completo de la eficacia en el funcionamiento de sus dependencias, con sus espacios abiertos para una mejor existencia, con los pobladores dispuestos a ocupar y hacer funcionar esos espacios, con un conjunto de escenarios vivos y bien organizados. Donde sea precisa la concurrencia masiva a participar y hacer participar a todos en conjunto, con la búsqueda incesante de propuestas para alcanzar los valores sociales que son los que permiten existir bien, con los fundamentos de una cultura esencial de servicios múltiples, puestos a funcionar para alcanzar mayoritariamente sus beneficios integrales.

3
Las pequeñas ciudades primigenias, y más aún otros pueblos, fueron de una baja línea horizontal. Así se percibe por las formas que se dibujan en los viejos daguerrotipos. Y en su totalidad fueron esencialmente monocolores, como para darles una gran dimensión de antigüedad. Ver estos grabados anima a los que sienten amor por la historia, porque se encuentra en ellos una fortaleza espiritual que la define tangiblemente la presencia de hombres y mujeres que allí hubo como pobladores. Y hoy, desde distintos ángulos, se puede replantear la vida de aquellos habitantes que anduvieron en la cotidianidad por las aceras y las calles largas y delgadas, que también se distinguen en las detenidas imágenes de los daguerrotipos de pueblos y ciudades.

4
En aquellos tiempos, entre los siglos, las obras públicas fueron construidas con escasos recursos materiales y técnicos. Están allí en los daguerrotipos. Se ven como un triunfo de aquella ingeniería, o mejor, de la pericia de los albañiles prácticos que las levantaron, dirigidos por ellos mismos; hechas, muchas de ellas sin ninguna planificación previa, aunque con honda responsabilidad y un profundo criterio formal. La memoria gráfica  de ese largo tiempo permanece recogida en diversos documentos públicos y privados. Lástima que no hubo el cuido de personas entendidas, pero sin criterio de posterioridad, por salvaguardar aquel patrimonio documental formado durante el proceso constructivo de las obras públicas y privadas: carreteras y puentes; casa y edificios, y construcciones de otros tipos, para lo que, tanto el gobierno como personas particulares, solían contratar fotógrafos especializados. Y muchos, la mayoría de aquellos documentos se perdieron, lo que impide al investigador tener el apoyo ilustrativo o los pormenores gráficos de tal como era en la realidad la obra en ejecución. La implacable acción del tiempo sobre el documento de papel, la desidia en otros casos, y hasta la ignorancia  dieron al traste con documentos  fotográficos del ayer de la ciudad.

lunes, 28 de marzo de 2016

UNA SEMBLANZA DE LA DOCTORA ELINA ROJAS

Hay canto y soledad entre nosotros. Cantos que se tornan espirituales, hímnicos, para despedir la existencia terrenal de una gran mujer, íntegra por sus valores e integral por su vasta formación; dispuesta al servicio de las mejores causas, dentro de este cuerpo social en que vivió.

Aparece ahora una inmensa soledad entre nosotros, originada por la ausencia que es dolor y despedida, como un silencio. Canto y soledad en el momento de la sentida muerte de la doctora Elina Rojas, nombre y apellidos vigorosos, de una mujer que entendió su destino y lo supo vivir. Para ella entonces nuestro homenaje, el tributo emocionado de quienes fuimos sus compañeros de trabajo en la Universidad, en esta casa de Carmona, que sostiene el tiempo y el espacio del alma mater en la máxima significancia. Alma mater como frase memorable, que en sentido individualizado, lo podemos aplicar a ella, por su personalidad descollante como mujer de espíritu y madre solícita, por el amor que dio como una siembra expandida de lo familiar a lo social; desde el hogar a la comunidad, porque hogar y servicio comunitario fueron las dos ramas enlazadas de su escudo de vida, como una bandera desplegada.

Lo importante en la función social de la persona, es hacerse íntegra moralmente cuando sirve a la colectividad. El servicio social es, debe ser, tiene que ser, una inquieta emoción cotidiana del ser humano, cuando éste ha adquirido conocimientos y aptitudes para hacer el bien, unas veces por la acción que sabe poner en práctica como profesional; otras, para complementar esa  vocación por medio de su participación en instituciones y asociaciones dirigidas, como un empeño, hacia fines serviciales. Este juicio contiene y valora la personalidad vital de la doctora Elina.

Fue una mujer de profunda raigambre con los asuntos del espíritu, de su propio mundo interior. Actuaba con los dictados de su alma, de su conformación afectiva. En silencio casi siempre, sin aspavientos figurativos, con una parsimonia en el caminar y el hablar, pensativa y meditabunda, sacando fuerzas como un ideario de conciencia, haciendo cosas provechosas y aportes, como sustancias nutricias de su pensamiento, que lo llenaron el estudio y el conocimiento de la ciencia, aunque también, una praxis profesional que no le dio descanso, como todos nosotros estamos en capacidad de testificar.

Hermosa plenitud la de la doctora Elina. Con qué gusto le dábamos el doctorado. Pudimos llamarla Elina simplemente. Pero ninguna otra persona como ella merecía el reconocimiento de su doctorado, que siendo un inmenso valor académico, era en ella más bien un título de afecto y de cariño, un reconocimiento a su religiosidad, cuando usamos el término con visos de sentimientos, de veneración a lo que se practica, de “normas morales para la conducta individual y social”, como una práctica de virtudes que nos mueven, como una obligación de conciencia y cumplimiento de saberes.

Mujer moralizada, impulsada por las acciones del corazón. Daba a su propia consistencia una razón humana en la autenticidad, en la colaboración, en el reconocimiento del otro, porque la vida tiene sentido de diálogo, es y debe ser un diálogo para hacerla fructífera, como la producción de una gran cosecha; la moral como prueba del entendimiento o de la conciencia: la conducta que manda el saber ser inteligente.

Mujer familiar, supo dirigir su hogar como una plenitud de correspondencias entre ella, sus hijas y su hijo: triunfo y adoración de su vida en esa entrega que todos llegamos a notarle, y en esa satisfacción de ser madre, practicante de una maternidad solícita y solidaria. Sabía de familia y extendía el concepto hasta su entorno profesional y amigo, con gran sentimiento de compañerismo llano y sin ceremonia, como una característica de su personalidad.

Una inmensa luz comenzará a alumbrar en recuerdo de esa mujer que está allí yacente, en la quietud de su vida trascendida y trascendente. Y habrá una voz que no se callará en estos espacios, gravitando entre nosotros, como un ideario.

Una inmensa huella, profunda y en todas direcciones, nos llevará desde ahora hacia el recuerdo vivo de la doctora Elina; abierta huella en los corredores y salones de este histórico edificio que lo fabricó el destino para el gran proyecto de la educación. Abrirán senda los recuerdos y la nostalgia por esta mujer sencilla y luminosa que, desde la humildad y la pobreza, supo esplender y llegó a ser doctora, que lo fue sin hacer ostentación de vanidad ni falso orgullo, más bien, para ser eficaz en las enseñanzas, dar mayor presencia al espíritu, a los sanos conocimientos y creencias, la mejor aplicación de la sabiduría y para usar en la cotidianidad de éste y otros espacios, la gracia femenina de la cordialidad y la amabilidad, que son también valores componentes de un doctorado ejercido con mucha calidad humana.

Quiera Dios que la luz del ejemplo de trabajo que dio la doctora Elina, sea una de las razones supremas que orienten en adelante la vida de nuestra institución académica universitaria. Ojalá que así sea